Reina, madre y estadista.
Mariana de Austria y el gobierno de España

JUNIO 2023

Mariana de Austria (1634-1696) gobernó el imperio global español durante la minoría de edad de su hijo, Carlos II, desde 1665 hasta 1676. El testamento de su difunto esposo combinado con las duraderas tradiciones dinásticas, legales, políticas y socioculturales ibéricas otorgaron a Mariana una enorme autoridad. Ejerció una regencia unificada con autoridad ejecutiva sobre el gobierno y poder de tutela sobre el rey, lo que significó que tuvo el poder necesario para dirigir la monarquía durante uno de sus momentos más difíciles. 

La guerra de España contra Portugal (que había declarado su independencia en 1640) ya estaba prácticamente perdida en 1665; este compromiso militar sumado a décadas de enormes gastos en el ámbito militar dejó a Mariana con un estado prácticamente en quiebra, fronteras vulnerables y un ejército considerablemente reducido. El tradicional enemigo de España, los Borbones de Francia, estaban preparados para atacar los Países Bajos españoles. A esto se sumaba la amenaza inminente de una crisis dinástica. Carlos II era el rey, pero tenía tres años en una época en la que los niños a menudo no sobrevivían su infancia. Mientras tanto, sus dos hermanas mayores, una casada con el rey francés y la otra prometida al emperador del Sacro Imperio Romano, tenían derechos sucesorios. El alcance global del Imperio español significaba que si Carlos moría, la disputa por su sucesión enfrentaría a las mayores potencias europeas e incluso tal vez al desmembramiento de la monarquía española. El gobierno de Mariana tenía enormes intereses en juego tanto para la Monarquía Hispánica como en Europa.   

Durante su regencia, que duró una década, Mariana sacó a la monarquía del peligro y contribuyó a redefinir los bloques militares y diplomáticos de Europa. Hizo las paces con Portugal, fortaleció las defensas de España sobre todo en los Países Bajos y reconstruyó el ejército español. Su mayor logro fue acabar con el aislamiento diplomático de España, a través de la forja de alianzas, coaliciones y acuerdos con Inglaterra, las Provincias Unidas, el Sacro Imperio Romano, Suecia, Brandeburgo y Dinamarca. Salvo por la separación permanente de Portugal, la monarquía que le entregó a Carlos II no solo estaba prácticamente intacta, sino que más fuerte que al comienzo de la regencia. 

A pesar de su éxito como regente, tropezó en una transición clave: transferir el poder a Carlos II cuando este cumplió catorce años. El mismo día de la emancipación de Carlos se produjo un fallido golpe de Estado que intentó separar a Mariana de su hijo y, catorce meses después, fue desterrada de la corte. Carlos entregó el poder a don Juan de Austria (1629-1679), hijo ilegítimo del difunto rey y enemigo de Mariana. Durante los siguientes dos años y medio, Mariana utilizó sus amplias conexiones y experiencia diplomática para avanzar en las negociaciones del matrimonio de su hijo, utilizando dicho proceso para recuperar su posición. Mariana regresó triunfalmente a Madrid en septiembre de 1679, donde permaneció hasta su muerte por cáncer de pecho en mayo de 1696. 

Para reconstruir la regencia, el exilio y el posterior regreso de Mariana a la corte, este estudio utiliza múltiples archivos para crear una sólida base documental que incluye las deliberaciones del Consejo de Estado, correspondencia y instrucciones diplomáticas, cartas de Mariana y Carlos, manuscritos, documentos de la Casa Real y documentos legales. En el relato revisionista de Mitchell, no solo Mariana emerge como una figura imponente en la Corte y en el escenario internacional, sino que quienes la rodean, además de Carlos, también los colaboradores clave, los secretarios, ministros y diplomáticos que suelen ser ignorados o subestimados en otras narrativas sobre el período, ocupan en este libro el lugar que les corresponde en la historia. 

ÍNDICE | ALGUNAS PÁGINAS DEL LIBRO

 

●       ●       ●       ●       ●       ●       ●       ●

 
 

RESEÑAS